Todo el aire del mundo

Publicado por Norman Chanboun

La fuerza del aire, ¿a dónde se va? No hay hedores petulantes, ni bilis rencorosa que lo pudra o su frescura arrebate; es un aire puro, sus redes suaves, transparentes y brillantes cristales, alumbran en acorde con el sol. Aire, respiro, Guillén me salve, este retiro no es asedio de mi corazón por medio de mi miedo, éste casi hundido bajo dunas edificadas por sus cenizas, algarabías obscuras de su próxima derrota. Todo el perfume estival, dorado, atmósfera fina y dulce, cantos manantiales mojando mi cuerpo, inyectando vida en la sombra de mis pulmones, en mi mirada con caos polícromo; ¡Cuántas necedades habré oído! ¿Cómo iba a ser derrotado el aliento emanado de la bóveda celeste y diáfana? ¿Cómo iban a derretir con ardores débiles y sucios el magnánimo helero asomado en la verde lozanía de cualquier mapa? Paloma invisible y aérea, rehuye la miseria, es tu brío la vitamina nutritiva del espíritu de la tierra, de sus vapores y estrellas; palomita, avanza hasta el abismo brutal, pestilente, exhalado por la prisa de un mono, por su ocioso vicio de idolatrar sus propias quimeras y fatuos reflejos, por su tiránica razón vengativa e interesada, dispuesta a vapulear todo el costado de su hogar para sentirse más dominadora y avara. Corazón, palpitas veloz, intemperante, intensamente fustigado por la cruel descripción actual, suicida y cierta de la violación extrema por la airada seguridad de una especia adomesticada; noble, digna de ser bajo este firmamento de tinieblas espesas, de vivir y salvarse tendida bajo su pulso. Mas es atroz cuando postra sus ojos en una nube de yeso parada, cuando tapa con sus dedos la hermosura, cuando aprisiona entre sus puños cerrados de acero a una mariposa y su danza. Sus fauces pueden ser bocas melificadas por el trino verde, el calor corporal ajeno y la serenidad de una marea excelsa sobre su pedragosa y sedienta garganta, y así su rudo y afilado morro puede marchitar, aunque consideren al amor como la posibilidad mas redentora y olvidada, y germinar la raíz innata de sus pasos sobre esta piel áspera o tersa, ardiente o empapada; Sopla aire, mantén tu semblante majestuoso e indomable, prosigue tu marcha límpida y humillada por la pus de un animal ciego.

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