Existe un tipo… Una historia sobre música y pasión

Publicado por Carlos Diánez

Existe un tipo, ¿ok? Bueno, es cierto, existen muchas clases de tipos, pero yo hablo de un tipo, uno en concreto. Hay un tipo al que puedes ver en Sevilla, Madrid, Granada, Barcelona… AlbaceteLondresMilánRotaAlmería (o el mismo infierno). Hay un tipo en camiseta; camisa, jersey, chaleco o anorak. En primera y en última fila. Hay un tipo que es conocido de conocido, amigo de amiga; oído de oído… susurro en el olvido que no termina de olvidarse.

Hay un tipo que bucea en el sonido y que entiende el amor como una prolongación de la música, como un track oculto en una maqueta sin terminar, como en un cover eternamente versionable. Hay un tipo bailando sólo en un concierto, soñando la música correr por sus neuronas como el azul eléctrico que recorre las notas que lanza la guitarra que él tararea. Según el ángulo con que se le mire puede pensarse que es una pose, una postura, un tema de conversación alternativo al ladrido manido de crisis (y los motivos por los que salir del país en parálisis)… Pero no. Hay un tipo soñando la música… Parpadeando en el aire las próximas notas que necesita latir, susurrando las letras que le gustaría oír, acariciando el presente con un pie en el porvenir…

Hay un tipo que tiene en su mirada el polvo de la Ruta 69 y del Camino de Santiago, que ha nadado entre medusas, bailado sin motivos (ni excusas)… Hay un tipo que ha parado días en minutos y que ha dormido minutos en días… En fin, hay un tipo, amigo de amigo, amigo tuyo como amigo mío, con un águila alzada tatuada en la sombra que le sigue; con la (bendita) maldición de la MÚSICA como insana obsesión… pero ¡¿Y qué es sano sino la música en un mundo en destrucción?! (…)

Existe pues, un tipo, con un latido de más (o de menos, según se ausculte) en su corazón. Un tipo al que el compás mantiene vivo cual bypass del sonido… Un tipo que, digo, te puedes encontrar en Sevilla, Santander, Bilbao o Vigo…

Le reconocerás abrazando un compás, cerca de un equipo de sonido… con la humildad del oído que al rock deja pasar en camisón… sabiendo que viene de Dios sabe qué canción… anhelando hacer con ella su propia versión.

Le reconocerás por vivir con la intensidad de la última puesta de sol de alguna extraña estación; pisando los cables, mordiendo los bordes de la carta que le tocó jugar, tarareando blanco en negro, gritando negro en el blanco… despertando a la luna como al sol con sus baquetas insomnes… En fin, para un sordo, le verás molestando.

Hay un tipo haciendo leyenda entre la multitud de multitudes que habitan la quietud de hombres que pueblan su nombre (su identidad); un tipo pisando los cristales de algún foco fundido sin importarle si el ángulo anda o anduvo alguna vez desenfocado… Un tipo percutiendo el sonido con cada chasquido… una enciclopedia del sonido volviendo a casa a alguna hora intempestiva en alguna acera mal barrida… Un grupi de la música incomprendido que no busca ser comprendido… Un solitario fan… en fin, haciendo de Yang, al Ying de la música…

(Por acabar) Al chamán de la comunidad, drogata eternamente adicto a la melodía. Al Rosseau del Siglo de las Músicas; al animal cadencioso… Al ángulo que da forma al círculo polar… Al calambre místico… A la melodía por encontrar, la canción por escuchar, al paso de baile olvidado… Al amigo que verás pasar (lo más lejos a tu lado), en cualquier concierto de bar…

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