¿Se nos olvidó ya la Crisis Islandesa? (Parte II)

Publicado por José Javier Vidal

Si te perdiste la primera parte …Crisis Islandesa (Parte I)

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Sin embargo, como parece que es seña distintiva de todas las crisis, nadie lo ve hasta que la catástrofe se viene encima. Sorprende que ese personal tan cualificado, tan inteligente, con ese “talento” tan grande que justificaba sus desorbitadas remuneraciones, no advirtiese, o no quisiese advertir, el desastre inminente. Pensaban, parece ser, que la cobertura de sus posiciones en moneda extranjera mediante SWAPS, producto financiero complejo o “derivado” que da para todo un artículo, y, sobre todo, la continua renovación de los créditos a corto que se venía produciendo desde 2002, seguirían salvando la situación. Pero no. El estallido de la crisis de las “hipotecas basura” en Estados Unidos y la quiebra del Nothern Rock en el Reino Unido, ambas en el verano de 2007, cambian irreversiblemente el panorama. La refinanciación de los créditos a corto se complica y los bancos islandeses tienen que recurrir a líneas de crédito del Banco Central de Islandia, Sedlabanki, para conseguir coronas que cambiarán por divisas extranjeras para atender sus vencimientos. Este exceso de oferta de coronas islandesas causa, entre enero y septiembre de 2008, su depreciación en un 30% respecto al euro. Era únicamente el principio de la debacle de la divisa nórdica. En un movimiento clásico de los países con moneda débil para atraer capitales extranjeros, el Banco Central de Islandia sube, en septiembre de 2008, su tipo de interés al 15% (Sus equivalentes norteamericano y europeo eran el 2% y el 3,75%, respectivamente). Esa subida de tipos y una línea especial de crédito que el Banco Central de Noruega concede a Islandia para refinanciar los vencimientos en coronas noruegas salvan temporalmente la situación.

Pero la quiebra de Lehman Brothers, el pánico financiero que le sigue y una filtración por Wikileaks de documentos internos del Kaupthing, la mayor entidad del país, dejan al descubierto la crítica posición de los bancos islandeses y obligan a las autoridades de la isla a afrontar, aún a regañadientes, una realidad muy hosca y desagradable. Los acontecimientos, como en 2001 en Argentina y en 2015 en Grecia, se precipitan. El 29 de septiembre se hace público el plan de nacionalización de otra de las tres grandes entidades islandesas, el Glitnir, pero, finalmente, se opta por liquidarla. El 4 y el 5 de octubre, la prensa británica informa sobre la nacionalización del Glitnir y la difícil situación de los demás bancos islandeses. Esas informaciones y fallos en el funcionamiento de sus páginas web desatan el pánico entre los depositantes británicos y holandeses de otro de los tres grandes islandeses, el Landsbanki. El 6 de octubre los bancos islandeses quedan excluidos del mercado interbancario. El primer ministro, Geir Haarde, se dirige a la nación y el Althing, el parlamento islandés, con el acuerdo de los partidos de la oposición, aprueba medidas de emergencia que 24 horas antes eran “innecesarias”. Está visto que todos los políticos, incluso en mis admirados países nórdicos, son iguales…Muy resumidamente, se confiere a la Autoridad Supervisora en Finanzas de Islandia, o FME en sus siglas islandesas, la potestad de intervenir bancos sin nacionalizarlos, se da a los depositantes un tratamiento preferencial en caso de liquidación de una entidad y se garantizan íntegramente los depósitos de las casas matrices (la protección no alcanza a los de las sucursales en el extranjero). Aprovecho para indicar que esas medidas de “urgencia” son lo más elemental entre lo elemental en los países con cierto grado de “civilización” bancaria, entre ellos, España. Esto da una idea de a qué extremo había llegado la “desregulación” bancaria islandesa. Pura ley de la selva…

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En fin, la crisis está ya completamente desatada y el 7 de octubre la FME declara al Landsbanki y al Glitnir en suspensión de pagos. Ese mismo día, el gobierno británico se hace con el control de la filial en el Reino Unido del Landsbanki. Por la tarde, los ministros de finanzas de Islandia y del Reino Unido hablan por teléfono y el gobernador del Banco Central de Islandia afirma públicamente que el Estado islandés no pagará por la “irresponsabilidad” de los bancos, al menos no por la que afecta a los depositantes extranjeros. Los depósitos de éstos quedan atrapados. El “corralito”, o “corralón”, en versión nórdica.

El 8 de octubre el gobierno británico bloquea todos los activos del Landsbanki en el Reino Unido sirviéndose de preceptos de la legislación antiterrorista (Antiterrorism, Crime ande Security Act, 2001). La crisis financiera se convierte, así, en crisis diplomática también. El día siguiente el primer ministro islandés manifiesta su indignación porque a su pacífico país – no tiene ejército – un aliado, Reino Unido e Islandia son países miembros de la OTAN – lo trate como si fuese un enemigo en sentido literal. Dos aliadas históricas al borde del conflicto diplomático por un asunto de dinero. Lo que son capaces de liar unos banqueros sin control…y sin vergüenza, claro…

Como de dinero se trata, Gordon Brown anuncia también el día 8 de octubre que el Gobierno de Su Majestad emprenderá acciones legales contra Islandia por los perjuicios causados a los 300.000 depositantes británicos con ahorros en bancos islandeses. El día 9 su ministro de Hacienda anuncia que el Reino Unido responderá ante los depositantes británicos atrapados en este embrollo y la Autoridad de Servicios Financiero, o FSA en sus sigla inglesas, interviene la filial en el país del Kaupthing. También el día 9, el Banco Central de Suecia otorga una facilidad de crédito a la filial sueca del Kaupthing para cubrir a sus depositantes y las autoridades de Luxemburgo, Suiza, Isla de Man, Finlandia y Noruega intervienen las filiales del Kaupthing en esos países.

La corona islandesa que, lo hemos visto antes, se depreció un 35% entre enero y septiembre de 2008, es abandonada a su suerte por el Banco Central de Islandia el 8 de octubre. Entre el 9 y el 28 de octubre no se cambian coronas en los mercados de divisas – ¿Quién las quiere? – y cuando vuelven a cotizar su cambio cae de 131 coronas por euro a 340 coronas, es decir, una depreciación del 60%. El 28 de noviembre se prohíben los movimientos de divisas con el exterior y se obliga a los residentes a depositar sus divisas en bancos islandeses. Y, como siempre ocurre que un Estado impone normas que no son compartidas por la sociedad, aparece un mercado negro, paralelo, informal o como queramos denominarlo. En este caso, los exportadores islandeses organizaron un mercado offshore, es decir, fuera del control del regulador, de libras y euros. Si un exportador islandés de bacalao, por ejemplo, vendía su producto en España, los euros se quedaban aquí y podían ser utilizados, por un importador para comprar naranjas de Valencia. Uno y otro ya ajustarían cuentas en su momento. De todas formas, la escasez de divisas llegó a ser tal que el fantasma del desabastecimiento, incluyendo el alimentario, planeó sobre un país que importa muchos de los productos que necesita.

Los islandeses descubren que su “milagro” económico – visto como han acabado otros, entre ellos el español, esta palabra me da ya miedo – se asentaba en una deuda externa, en un 80% bancaria, de 50.000 millones de euros para un país con un PIB de 8.500 millones, es decir, el 590% del PIB. Ellos solos no pueden salir del atolladero. Imposible. El gobierno islandés pide ayuda. Una misión técnica del FMI se presenta en el país y prepara un “rescate”, conocemos ya la palabra, que se hace efectivo el 19 de noviembre. El FMI pone 2.100 millones, Noruega, Suecia, Finlandia y Dinamarca, 2.500 millones, Rusia, 4.000 millones (ojo, aquí hay “geopolítica”) y Polonia, Islas Feroe, Holanda y, sobre todo, Alemania y el Reino Unido, otros 6.300 millones.

Ese rescate, que, en una economía del tamaño de la española hubiese supuesto más de un billón de euros, permitió al país seguir funcionando y fue el primer paso para la reconstrucción de su economía. Esa ayuda no fue a cambio de nada. Como ocurre en todos los planes de rescate del FMI, se exigió al país beneficiario estrictos ajustes de las cuentas públicas. Islandia decidió hacerlos más por el lado de los ingresos, subidas de impuestos, que por el de los gastos, “recortes”. Además, esos préstamos habrá que devolverlos, por supuesto. La depreciación de la corona ha sido un impulso para las exportaciones islandesas – pescado y aluminio – y para el turismo: En el país han vuelto a entrar divisas. En materia estrictamente financiera, el Estado intervino y reorganizó los tres grandes bancos y los podó dándoles un tamaño acorde con el de la economía del país. Respecto al exterior, Islandia consiguió una quita del 70% de su deuda con los bancos extranjeros, pero impuso su versión del “corralito”, “corralón” más bien, a los depositantes británicos y holandeses, 500.000, que quedaron atrapados y no empezaron a recuperar su dinero hasta 2012. Respecto al interior, el Estado y la banca acordaron que la deuda familiar hipotecaria superior al 110% del valor de la vivienda se condonase. Simple reconocimiento de la realidad llamaría yo a esto. O corresponsabilidad de prestamistas y prestatarios. En España habría que estudiar alguna medida similar.

La economía y la sociedad islandesas no han salido indemnes de esta crisis. El PIB cayó un 5,1% en 2009 y un 3,1% en 2010, la inflación subió por encima del 15%, el desempleo alcanzó el 10% y muchos islandeses emigraron, pero su Estado del Bienestar, a cambio de notables subidas de impuestos, se ha mantenido en lo esencial. Y las consecuencias políticas han sido profundas. Disturbios y protestas, algo inédito en el pequeño país nórdico, dos referéndums sobre la deuda externa, políticos y banqueros procesados, investigaciones sobre lo ocurrido…Exigencia de responsabilidades, en suma.

A partir de 2011, los sacrificios empezaron a dar frutos. El PIB crece desde entonces aunque todavía no haya alcanzado los niveles anteriores a la crisis, la inflación se ha contenido, se ha conseguido casi el equilibrio en los sectores público y exterior, se ha estabilizado la corona y el paro si sitúa en el 2%, o lo que es lo mismo, se ha recuperado el pleno empleo. Todo eso en seis años desde que empezó la crisis. En España nos han hecho falta cinco años para recuperar el crecimiento pero seguimos con desequilibrios en nuestras cuentas internas y externas y del paro mejor no hablar. Y en Grecia, todavía no se atisba la luz al final del túnel. Al contrario, la situación sigue empeorando. Decididamente, parece que las sociedades nórdicas y las mediterráneas están, estamos, hechas de mimbres diferentes. Habrá que investigar cuáles son.

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