‘Trueque 3.0: Las economías que están por venir’

Publicado por Carlos Diánez

“Supongo que ustedes no están preparados para esta música. Pero a sus hijos les encantará.”
MICHAEL J. FOX – Marty McFly

Que la Historia es una gran autopista que corre paralela a la pequeña senda del presente que nos ha tocado vivir (y comprender) se constata cuando celebramos aniversarios de acontecimientos que en su día no obtuvieron la repercusión esperada, cuando al alejarnos de la corriente del ahora tenemos la oportunidad de analizar qué fue lo que nos trajo hasta aquí y cuando, en definitiva, el paso del tiempo nos permite releer el ayer con las piezas del puzle necesarias para entender de un modo más global los porqués.

Hace treinta años, Marty McFly, interpretado por un joven Michael J. Fox, debido a azarosas y fortuitas circunstancias transforma el futuro generando cambios inesperados que le llevarán a su propia desaparición en 1985. Por entonces, un joven y espigado Induráin comenzaba a plantear alternativa al reinado de Perico Delgado. “Air” Jordan endosaba 49 puntos al todopoderoso Isiah Thomas en el primer encuentro que los enfrentaba tras el “All Star” en que éste se negó a pasarle el balón a la joven promesa de los Bulls y, en la Universidad Rice de Houston, un grupo de investigadores norteamericanos realizaban experimentos tratando de convertir carbono gaseoso en partículas descubriendo casualmente una nueva forma de carbono en estado puro, creando así la posibilidad de fabricar nuevos tipos de polímeros y superconductores, además de nuevos catalizadores, productos farmacéuticos y otros usos esenciales para el posterior desarrollo de la nanotecnología. De igual manera, el lúcido Antonio Escohotado publicaría dos años antes “Historia general de las drogas”, aún hoy considerada principal obra en su materia, rompiendo con la concepción occidental generalizada que las relacionaba (y relaciona) a usos marginales, ambientes depauperados y ocio; la Universidad de Standford y UCLA mantendrían en 1969 la primera interconexión por medio de la línea telefónica conmutada en lo que sería el origen de lo que hoy conocemos como Internet y en 1971 el Dr. Samuel C. Hurst crearía la primera interfaz electrónica táctil, invento cuyo uso se popularizaría curiosamente tras expirar las primeras patentes, lo que favoreció su posterior desarrollo. De seguro, de poder viajar atrás en el tiempo con el DeLorean de Doc ninguno de los citados sería consciente de que sus “pequeñas obsesiones” se convertirían en elementos que transformarían los siglos venideros.

Recientemente leí en un suplemento cultural que a los cambios de siglo se llega diez años tarde. Quizá cabría añadir que algunos milenios especialmente complejos requieren algunos pares de años más para poder entender hacia dónde se dirige nuestra especie. Lejos de pretender abordar una de las más grandes e insondables cuestiones del ser humano, quisiera centrar la lectura, ahora sí, en esos grandes o pequeños cambios disruptivos que generan giros inesperados en la historia de la Humanidad… y quisiera centrarme en uno que si bien se ha manifestado en diferentes formas a través de la Historia, jamás planteó una alternativa tan evidente al feroz sistema económico existente: La economía colaborativa.

Cuando en el año 2011 el prestigioso diario “The Times” mencionaba a la economía colaborativa como una de los próximos cambios que revolucionarían nuestras vidas, muchos hasta entonces ajenos a ámbitos económicos, ecológicos y sociológicos comenzaron (comenzamos) a interesarnos por una nueva corriente que propugnaba una nueva forma de relación social en la que el valor de uso de productos y servicio quedaba por encima del de posesión, una forma de trueque 3.0 que va más allá del mero reciclaje y reutilización de materiales y productos. Como señala Juliet Schor, Profesora de Sociología en Boston College, hay cuatro grandes tipos de iniciativas dentro del consumo conectado: recirculación de bienes, intercambio de bienes, optimización del uso de activos y construcción de conexiones sociales. Una nueva forma de organización que desafía la actual crisis económica tejiendo una red social (comunidades) paralela(s) de oferta y demanda de productos y servicios centrados no exclusivamente en la obtención de un beneficio económico (y que carece de moneda). Una alternativa que democratiza el acceso a bienes y servicios que resultan imposibles de adquirir o consumir a personas con menos recursos… una forma de organización social conectada que apoya sin intermediarios proyectos, actividades o investigaciones… en definitiva una alternativa que devuelve el poder al usuario y consumidor del proceso productivo sin tener que alimentar la gran rueda de la producción en masa son algunas de las propuestas que hoy ya son una realidad y que año tras año van creciendo en difusión y seguimiento.

Desde los bancos de tiempo creados en la Depresión Argentina de principios del nuevo milenio a las ya comunes prácticas de Crowdfounding, pasando por multitud de webs y APPs que fomentan el intercambio de productos y servicios (Freecycle, OuiShare, Uber, Airbnb, la liberalización de patentes de Tesla y los movimientos OpenSource, Carsharing, Turismo P2P como GoodSpot, Reciclalia, Justfortheloveofit, Openwear, Comunitae, Open Knowledge…) innumerables Startups, webs y proyectos sociales dibujan trazo a trazo un nuevo mapa alternativo al asfixiante inmovilismo de callejón preestablecido del “usar y tirar”.

En los próximos años, como pasara con la tecnología disruptiva por excelencia del S. XX (Internet), veremos cómo esta corriente internacional que va ganando adeptos irá encontrando las herramientas para estrechar lazos en todo el globo; algo así como el gran Google Maps que conecte tan ingente información de comunidades, oferta y demanda de economía alternativa y co-creación en un solo portal o APP ¿Qué no? …Al tiempo.

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