‘Un español entre refugiados (I): nuestra vergüenza, su desventura’

Publicado por Antonio Muro

Ayer tuve el honor de ser invitado a una extraña reunión, no por los participantes, los cuales son una maravillosa familia, sino por el momento coincidente con dicho evento. Entre shishas (cachimba para nosotros), té negro muy dulce y un delicioso bizcocho discurrió la tarde entre la alegría de los participantes por verse reunidos después de tanto tiempo separados y una tensión que invadía la pequeña y abarrotada habitación, donde nos encontrábamos nueve personas.

Mientras disfrutaba de la hospitalidad del anfitrión y amigo Oubid, tanto él como su primo Jamal allí presente, eran conscientes de que sus familias (cuatro hijos y una hija respectivamente) estaban en el crucial momento cruzar en ese mismo instante en lancha, la que yo denomino “la senda de la muerte”, ese estrecho que separa Turquía de Grecia en el cual ya se han dejado la vida miles de personas. El enrarecido aire y algunos pequeños cantos que surgieron en la habitación, solo predijeron un extraño y triste final. Uno de los hijos pequeños de Oubid se perdió en el caos reinante ante el conocimiento de los refugiados del cierre total y definitivo de las fronteras, el cual fue encontrado por un policía turco que, a diferencia de lo que podríamos esperar, arrestó al pequeño de 5 años metiéndolo solo en una celda.

Dentro de la mala fortuna, mi amigo Oubid descubrió que en la misma celda abarrotada se encontraba un pariente lejano que se haría cargo del pequeño el tiempo que durase el presidio. Hoy es el día nacional de los kurdos, hoy no habrá té y pasteles. Hoy sólo hay la pena de unos padres que no podrán reunirse con sus hijos, la de un pequeño asustado y la vergüenza de llamarme europeo.

Zeitz, Alemania. 21-3-2016

robercerero

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