Europa a dos velocidades

Publicado por Pedro Cruz

En la época en la que comienzan a abundar los coches de cambio automático, resurgen de sus cenizas algunas modalidades políticas de múltiples velocidades.

El debate se ha exhumado, lavado y vestido de nuevo, listo para ir a Versalles a dialogar con el embrión de la nueva Unión Europea. Se trata de la reunión de los 4 (habrá que acostumbrarse a oír hablar en los medios de “Los 4”): Rajoy, Hollande, Merkel y Gentiloni.

Los 4 en Versalles

Por un motivo o por otro, ambiciones e intereses pares e impares, se han dado lugar en su particular Concilio de Elrond, donde había que decidir responsabilidad sobre la posesión del Anillo de Poder.
Como podría caber a esperarse, la reunión ha dado a luz a multitud de nuevos y vistosos eufemismos. ¿La modalidad? Bonitos discursos de 6 minutos cada uno, llenos de elocuentes frases (no es aplicable a Rajoy por supuesto) que no han dejado lugar a rueda de preguntas, manteniéndose así dichas palabras flotando como un eco en la caverna,  para el resuene de los cráneos europeos.

Nos valen algunos de los siguientes ejemplos, ambos de Hollande, pero no se dejen engañar, el mensaje es homogéneo para los 4:

“unidad no implica uniformidad” o “son necesarias nuevas formas de cooperación diferenciadas, algunos países pueden ir en ciertos asuntos a un ritmo que no pueden seguir todos, sin que otros puedan oponerse”.

Lo cierto es que por mucha unidad que enmascaren estas palabras, de verdad muestran unidad. Sí, pero por clases.

Es cierto que la política ha cambiado mucho últimamente, los antiguos actores tal vez han tenido que comprarse nuevos trajes o disfraces. Lo que es seguro es que cada uno de estos cuatro actores está a la altura de su tiempo y son tan necesarios como el sueño.

Por una parte, tenemos un Hollande que ha inaugurado en Europa algo que podría llamarse la neo-social-democracia (y habrá que seguir añadiendo prefijos a medida que vaya perdiendo virtudes) y que está muy alineado con el enfoque socialista en España (el del PSOE se entiende). Y que es el abandono total de la socialdemocracia, donde el único sitio reservado para el pueblo en su ideología es la posición del votante. Esta nueva moda de color rojo despintado ha convertido en el pragmatismo y el resultadismo su modus operandi en política.

En el caso de Hollande, el temor a ser visto como débil por los franceses ante los aguijonazos yihadistas de los últimos tiempos. En el caso español, el miedo a que sus sectores electorales sean fagocitados por otros. En ambos casos es el egocentrismo el que ha sustituido al centrismo.

Para Merkel la reunión y la futura dinámica se reduce en mantener a Alemania “libre de cargas” y viento en popa, ahora que el desembarco de UK tras el Brexit puede sacudir el bote, hay que tomar posiciones y no perder la pole. Bien puede considerarse que las decisiones en Berlín pueden traducirse en la práctica como pseudogobierno de la UE.

Para España e Italia, la postura es la de meros perritos falderos, esperando a agarrar su trozo de pastel y a ladrar cuando se les ordene. A pesar de su enorme peso en la economía del euro, las deudas los mantienen al otro lado de la correa. Ambos son fieles representaciones de la extinta clase media, la huída imaginaria de tu vecindad hacia la clase superior a la que quieres pertenecer y cuyo intento te ahoga en facturas sin pagar. Mirar al vecino nunca fue una opción.

Metáfora

La impresión es que se ha dado un escenario que tal vez no les venga nada mal para dar algunas pinceladas a placer al proyecto europeo del gusto de la casa. Tras la fuga de Reino Unido, por primera vez existe la posibilidad de algo que de fábrica no se consideró (¿por qué?) en las reglas del juego: darse de baja. Se acerca el 60º aniversario en Roma de la firma del tratado que dio lugar a la Comunidad Económica Europea (CEE) que posteriormente derivó en la actual UE y era tiempo de replantearse dinámicas.

Los posibles futuros escenarios en la UE post-Brexit se reducen a unos pocos de entre los cuales hay que elegir el menos malo. Las supuestas opciones son: una Federación de Estados Unidos de Europa, que se presenta poco factible tras la ola de tendencias nacionalistas y proteccionistas en cada uno de los países;  volver a la situación de sólo convivir a través del Mercado Único desechando todo lo demás, lo cual sería un enorme paso atrás tras la integración de muchos miembros en la estructura europea; o la llamada Europa a dos velocidades. Voilà! ¿Qué fácil hemos llegado no?

Como decía, esta idea no es algo feliz de nuestros días sino una idea exhumada de la década de los 70 donde ya el canciller alemán Wolly Brandt propuso la idea de “cada uno a su ritmo”. Algunos de los otros precedentes de evolución a varios ritmos de la unión es la moneda única y su implantación “cada uno a su ritmo”.

La idea general es que si los 4 quieren aprobar algo del gusto de su paladar, no puedan ser vetados por subgrupos de la unión. Se refuerza así la brecha en el eje Este-Oeste frente a la brecha Norte-Sur. La situación actual es un poco engañosa ya que el mínimo de países necesarios para llegar a acuerdo son nueve miembros.

¿Se trata de un fracaso político? En las cloacas nos parece que sí, pero no es tanta la información que entra. El hecho que nos abochorna es la división encubierta de Europa en clases elitistas, como ya remarcaba la líder polaca. La época de la Europa dividida en países deudores y países prestamistas derivada de la crisis bancaria da paso a la Europa de los países explotadores y países explotables, por no decir aún explotados. Es la gran mentira de que hay unos países que frenan a un grupo que quiere avanzar más rápido.

La vara de medir el progreso está en manos del país de primera división.

Lo que supongo que no piensan Rajoy y Gentiloni es que una vez demostrada la propiedad de lo divisible existe el riesgo de no parar de dividir hasta llegar al átomo europeo. Si hoy son dos velocidades mañana pueden ser cuatro. O 27.

A todo esto, ¿de qué ámbitos hablamos para los que los benditos 4 quieran avanzar y que de hecho ya venían avanzando? Defensa Europea, alternativas a la OTAN, fronteras, ámbito monetario y materia de terrorismo. Es decir, todas las formas posibles de defensa.  Lo que se ve es voluntad de querer traducir un proteccionismo en auge nacional en un macro-proteccionismo para los Estados de la Comodidad, el eje Oeste de Europa.

No sabemos el grado de consciencia sobre el mensaje rociado sobre los europeos de los 27: “si eres un estorbo para el progreso, échate a un lado y no molestes”. Una idea bien distinta a la semilla sobre la que se edificó la Unión y bien parecida al luteranismo rancio de “pobre es el que quiere, el vago”.

¿Estamos condenando a todo el este de Europa a seguir el modelo de empresa automovilística? Fabricamos coches caros para Alemania con sueldos miserables en Rumanía.  Unos somos Dacia y otros somos Renault.

 

 

Europa a dos velocidades, por eneko

 

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